Kafshëve. Zvieratá. Hewan. Ainmhithe.

Y aunque parezca mentira, os vengo a hablar de mi amor por los animales (porque supongo, que el título, no os lo ha dejado muy claro). Si me conocéis sabréis que siempre digo que prefiero a los animales antes que a las personas, sino, ya conocéis algo más de mi. Muchos preguntan por qué. Lealtad, amistad incondicional, compañía, afecto, cariño, respeto, fidelidad. Todo aquello en lo que el ser humano, antes o después, se olvida. Porque somos así, cometemos demasiados errores y muchos intencionadamente. Por eso no cambiaría a mis mascotas por nada del mundo. Y por eso, cuando decidí tenerlas lo pensé con detenimiento, lo digo porque no hay día que me den ganas de dar dos tortazos a aquellos que ponen: "Vendemos un golden retriever por falta de espacio" o, uno de mis favoritos, "damos en adopción a nuestro westie porque viajamos mucho". Haberlo pensado antes, cariño. Yo comencé con un hámster ruso, Noa (significa "amor"), y a los seis meses me enamoré de una cobaya peruviana, Niko ("luz del sol"). Y de algún modo u otro, al año siguiente, me encontraba en Tarragona yendo a por mi bichón maltés, Anissa ("albaricoque"). Os dejó unas cuantas fotografías.
Mi más adorada Noa. Llegó en un momento muy duro y me dio con su compañía aquello que necesitaba.
Siendo sincera, queríamos una cobaya hembra de pelo corto. Pero al ver a Niko cambié totalmente de idea. Le quería a él.

Y aquí, mi petardilla Anissa, esa que me da delicadamente con la patita para pedirme mimitos.

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